menu-top

Tratamiento de psicooncología: Un desafío trascendental

Emprender el tratamiento de una patología grave implica un desafío trascendental que asume el paciente oncológico. En correlato con esta complejidad aparece la necesidad de un abordaje psicoterápico específico y distintivo que aporta la psicooncología.

Aquellos que desde hace tiempo transitamos la clínica con pacientes, sabemos que toda dolencia tiene un grado de registro, influencia y despliegue distintivo en cada sujeto. Sobran ejemplos, desde todas las áreas del devenir humano, como frente a instancias y/o diagnósticos similares, las personas desarrollan pensamientos, emociones, acciones y conductas diferentes, evolucionando con tiempos y estilos distintivos. Por ello, una de las premisas fundamentales que guía la implementación de nuestros tratamientos psicooncológicos, consiste en respetarle a cada paciente su particular manera de entender, aceptar y conducirse frente a esta enfermedad, para desde allí desarrollar una estrategia terapéutica adecuada a cada uno.

Dichos abordajes individuales se implementaran independientemente del momento o fase que el paciente se hallara atravesando.

En un sentido descriptivo general hablamos de un Momento Inicial, a la instancia en la cual el paciente recibe el diagnóstico de su dolencia. Situación de impacto que promueve el surgimiento de una gama variada y hasta contradictoria, de emociones y sensaciones, que alterarán el equilibrio imperante, generando un punto de inestabilidad en el universo de sus intereses así como dentro de sus relaciones familiares, sociales e íntimas. Dentro de este vasto rango de vivencias psíquicas, una de las que más incita con su presencia es la postura de victimización, acompañada en ocasiones, con ideaciones fantásticas de aspecto místico; pruebas y/o castigos. Los principales ejes de tratamiento se ubican en torno a contener profesionalmente al paciente y comenzar a reconocer y elaborar esta situación de duelo (por la variación de la imagen personal que gobernaba hasta ese entonces). Virar de víctima a protagonista de esta situación, con derechos exclusivos a decisiones y tiempos propios. Incorporar el “nuevo léxico” que conlleva este padecimiento, procurando que prevalezca la mirada sobre lo humano y posible más allá de lo místico y maligno. La aparición intempestiva del diagnóstico tenderá a disparar ansiedades depresivas cuyo desenvolvimiento, sino se enmarca en dimensiones saludables, generará una posición de dependencia de todo parámetro ligado a la enfermedad. Dicha postura, entendible y normal, mas no por ello saludable, decantará para ser sustituida por otra más constructiva del ser; poder estar alerta mas no pendiente de la dolencia,  atento pero no descentrado de aquello que ha conformado el núcleo central de su vida.

En una segunda etapa, la de los Tratamientos Médicos indicados, la novedad y los efectos directos que estos generasen tensarán aún más las vivencias psíquicas del momento inicial, promoviendo en ciertas ocasiones, la aparición de sensaciones angustiantes notables, así como de reacciones de fastidio y enojo. El encuadre terapéutico psicooncológico buscará reforzar los objetivos trazados en la primera fase, especialmente cuando pudiera aparecer el dolor, que invitará con insistencia a victimarse y con ello ir cediendo espacio a considerarse como el protagonista activo de su dolencia. Reconocer esta instancia de crisis en particular, así como poder aceptar el proceso oncológico en general, de un lapso de extensión aún incierto, deparará un esfuerzo menor que la mera tolerancia, con un consiguiente ahorro de tensión, pudiendo utilizarse esa energía en la generación de proyectos alternativos y acotados.

Culminada la faz aguda de tratamientos orgánicos, el paciente se hallará ante el tercer paso; la Profundización de Cambios. Es la etapa donde podrá evaluar y reflexionar sobre lo vivenciado, aquello que observó de si y también de los demás. Podrá otorgarle otra significación a la intensidad de las etapas anteriores, en pos de anexarle a la crisis, en tanto conmoción y angustia, el otro significado: cambio. Momento donde el abordaje psicoterápico psicooncológico ofrece las herramientas necesarias para que el paciente pueda usufructuar al máximo tanto esfuerzo invertido. Como lograr que todo esto tenga un plus de valor en tanto se constituya una instancia de bisagra, de progreso en la existencia, una construcción más centrada sobre sus deseos, priorizando nuevos objetivos y otros proyectos, fortaleciendo lazos afectivos. Transitar desde la sombra que surgiera como un límite de vida a un emblema alternativo, re-significando toda esta experiencia y generando las variables para construir un futuro distinto.

Lic. Gabriel Romano
Coordinador Psicooncología
Red Argentina de Salud Mental

 

, , ,

Diseño y desarrollo BarcoDG