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Psicooncología – Familiares

La idea y el concepto de familia han ido variando a lo largo de las épocas, se trate de quienes efectivamente las conformen, o sus roles, espacios de referencia y decisión, etc.

Durante las últimas décadas del siglo pasado tuvo lugar la ampliación de sentido y de pertenencia más notable de los últimos siglos, incluyendo formalmente a otros integrantes que se hallaban fuera de la concepción original. Así resulta que referirse a la familia en la actualidad conlleva el considerar una vasta cantidad de lazos de parentesco, cuyas derivaciones dan por resultado una multiplicidad de vínculos, que exceden el concepto tradicional de la familia nuclear compuesta por cuatro integrantes (mama, papa, dos hijos).

El cambio imperante en el contexto cultural mundial, con el dinamismo que pretende ser impuesto por los tiempos actuales, va impactando y reformulando, en muchos casos, las constelaciones familiares.

A pesar de estos cambios conceptuales, aún hay personas que prosiguen identificando a la familia como se lo hacía antaño, por lo cual consideramos apropiado utilizar la noción de entorno afectivo para referirnos a quienes integran el ámbito íntimo de un paciente. Este entorno se halla conformado con todos aquellos a quienes el paciente reconoce como constituyentes de su núcleo afectivo central, pudiendo coincidir o no con los que componen sus lazos de consanguinidad y las afiliaciones de convivencia.

De igual manera que para el paciente oncológico, cuyo tratamiento se diseña en forma personalizada e individual dadas sus particularidades, aquí sucede lo mismo con aquellos que perteneciendo a su entorno afectivo, decidan contribuir en el proceso de mejoría de la calidad de vida del ser querido. Resulta diferente si quien se enferma es un padre o una madre, el esposo o la esposa, un hijo, o un amigo íntimo. Todos ellos cumplimentan distintos roles dentro del ámbito afectivo, y el hecho del surgimiento y tratamiento de la enfermedad genera distorsiones en el funcionamiento habitual de todo grupo. Se le suma a su vez, que la fisonomía propia del paciente oncológico convoca la aparición de sensaciones y sentimientos profundos, ligados al sufrimiento, la complejidad, el peligro y la extensión de la dolencia, que conjuntamente con el imaginario social de esa enfermedad, complejizan aún más la armonía dentro del circuito afectivo.

Como toda situación de crisis, obliga a un proceso de duelo y también deja entrever las características propias del conjunto, los aspectos conflictivos tanto como los recursos disponibles. Distinguirlos y abordarlos terapéuticamente facilitando la reorganización grupal, rutinas y roles; ampliando el dinamismo entre todos aquellos que decidan intervenir, aceptando realmente la situación del paciente, posibilitará el uso eficaz de los recursos adecuados y promoverá mejoras en la calidad de vida de todos.

Más allá del abordaje propio para cada entorno afectivo participante, es necesario subrayar que siempre se destaca un objetivo primordial y superador de cualquier instancia grupal determinada, que es el de acompañar al paciente durante el desarrollo de esta dolencia. Se trate de lo factico de estar físicamente a su lado durante las cirugías, quimioterapias o radioterapias, como en torno a las expresiones afectivas y soporte flexible de sus emociones.

Por otra parte este acompañamiento ha de situarse dentro del contexto en el cual cada integrante de este entorno afectivo ha de continuar con aquello que compone su distintiva individualidad, resguardando sus elecciones personales y los propios compromisos asumidos.

En definitiva, se trata de la construcción de un espacio de acompañamiento, aceptación de la dolencia, contención y flexibilidad en un equilibrio complejo con sus propias elecciones de vida y deseos, tiempos y recursos, sin perder nunca de vista que el protagonismo principal de esta situación debe asumirlo y ejercerlo el paciente.

Lic Gabriel Romano
Coordinador Psicooncología
Red Argentina de Salud Mental

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