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El caso Brittany. Ausencia de trabajo multidisciplinario.

Tiempo atrás tomó estado publico, a través de las redes sociales, el caso de esta joven de 29 años que anunció que iba a suicidarse porque no quería vivir luego de su diagnostico de cáncer cerebral en estado avanzado, con pronostico de 6 meses a 3 años de vida.

El acto de comunicar una noticia de este calibre a un paciente siempre es un momento muy delicado. Aunque respetando el derecho del paciente a conocer su estado actual, es fundamental hallar la manera más adecuada para transmitirlo. En principio es indispensable el abordaje integral profesional en estos casos de dolencias tan graves, para hallar el marco que pudiera contenerla lo mejor posible frente a un derrotero de imágenes de sufrimiento y detrimento que se le impondrán inmediatamente.

El articulo denota que en este caso no hubo un equipo multidisciplinario trabajando la situación. En particular al no haber participación del área de salud mental, específicamente de psicooncología, especialidad de la psicología que se dedica a la atención de pacientes oncológicos, obligó que solo la paciente y su familia cercana, afrontaran el inmenso trabajo de elaboración psíquica que produce este nivel de diagnostico y pronóstico. Tan conmocionante resulta escuchar inesperadamente sobre la probable cercanía de la finitud de la existencia, que provoca un efecto traumático, incrementando un plus de patología a la ya complicada situación y promoviendo el surgimiento de emociones y reacciones extremas.

Por otro lado la pretendida certeza infalible en un diagnostico y su pronostico, termina repercutiendo como una especie de sentencia, para cualquiera, a la muerte cercana e indubitable y constituye un serio error terapéutico. Nadie puede afirmar con total seguridad que tal o cual enfermedad conducirá sin variante alguna, aun con síntomas físicos concomitantes, a la degradación e inmediata muerte certera.

La experiencia clínica de nuestro grupo de salud, y la mía en particular como psicoterapéuta psicooncológico, ha demostrado que en muchas ocasiones ello no ocurre con la exacta premura y velocidad que se auguraba previamente. Para ese entonces el impacto en el paciente ya tuvo efecto, influenciando negativamente todas las áreas de su vida y su interés general por el mundo, generando estados depresivos, fobias, irascibilidad y en casos extremos (como parece ser este) ideaciones suicidas reactivas. Mover al paciente de esa posición implica un arduo trabajo extra para si mismo y para quienes lo pudiéramos acompañar durante el tiempo que fuera necesario.

La posibilidad de tratamiento psicooncológico en los pacientes con cáncer resulta un recurso terapéutico notable, coadyuvante hoy a la cirugía y quimio/radioterapia, para trabajar en pos del beneficio de todo paciente, apuntando siempre a la construcción de algún grado de armonía que sostenga mínimamente la calidad y el deseo de vida del individuo.

 

Lic. Gabriel Romano
Coordinador Psicooncología
Red Argentina de Salud Mental

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